
Si alguna vez has tenido geranios en un balcón o una terraza, probablemente creas que conoces bien esta planta. Pero detrás del aceite esencial que llamamos «geranio» se esconde una pequeña confusión botánica que lleva siglos acompañándonos.
Porque el geranio utilizado en perfumería y aromaterapia no pertenece, en realidad, al género Geranium, sino al género Pelargonium. Ambos forman parte de la misma familia, las Geraniaceae, pero botánicamente son géneros diferentes.
¿Entonces por qué seguimos llamándolo geranio?
Para encontrar la respuesta tenemos que viajar varios siglos atrás, hasta el momento en que unas plantas aromáticas procedentes del sur de África comenzaron a llegar a los jardines europeos.
Durante mucho tiempo fueron consideradas geranios. De hecho, Linneo las clasificó dentro del género Geranium. No fue hasta finales del siglo XVIII cuando aquella clasificación cambió y el botánico francés Charles L’Héritier estableció la separación entre Geranium y Pelargonium. El nuevo nombre hacía referencia a una característica muy particular de la planta: la forma de su fruto, semejante al pico de una cigüeña. Pelargossignifica precisamente «cigüeña» en griego.
La botánica corrigió el nombre.
El lenguaje cotidiano, sin embargo, nunca terminó de hacerlo.
Y así, más de dos siglos después, seguimos comprando «aceite esencial de geranio» aunque el frasco nos revele, en letra pequeña, otra historia: Pelargonium.
Pero esta curiosidad botánica es solamente el comienzo.
Porque las hojas de aquella planta africana escondían un aroma inesperadamente parecido al de una de las flores más valiosas de la perfumería: la rosa.
Y los perfumistas no tardaron en descubrirlo.
De Sudáfrica a los jardines europeos
Mucho antes de convertirse en una materia prima de la perfumería, los pelargonios ya habían recorrido un largo camino desde el sur de África hasta los jardines europeos.
Las primeras especies llegaron a Europa entre los siglos XVII y XVIII. Una de las primeras fue Pelargonium triste, procedente del sur de África. En 1672, el botánico neerlandés Paul Hermann recogió ejemplares de pelargonios en la región del Cabo y los llevó a Europa. Poco después, estas plantas comenzaron a cultivarse en jardines botánicos de los Países Bajos e Inglaterra.

En aquella época, sin embargo, nadie parecía tener demasiado claro cómo llamarlas. Las plantas procedentes de Sudáfrica se parecían a los geranios europeos y terminaron agrupándose bajo el mismo nombre. De hecho, Linneo incluyó muchas de estas especies dentro del género Geranium en su clasificación botánica.
La confusión duraría décadas.
En 1789, el nombre Pelargonium quedó establecido como género independiente en Hortus Kewensis, separándolo de Geranium. El nombre elegido tampoco fue casual: procede del griego pelargos, «cigüeña», en referencia a la forma alargada del fruto de estas plantas, que recuerda al pico del ave.
Pero para entonces el nombre popular ya estaba profundamente arraigado.
Los jardineros continuaron llamándolos «geranios», y así ha llegado hasta nuestros días. Por eso, cuando hablamos del conocido geranio de las ventanas y balcones, o del aceite esencial de geranio utilizado en perfumería, estamos entrando muchas veces en el mundo de los pelargonios.
Y entre todas aquellas especies había algunas especialmente interesantes.
No destacaban solamente por sus flores.
Sus hojas desprendían un aroma intenso y extraordinariamente parecido al de la rosa.
Y ahí es donde comienza la historia del geranio como materia prima de perfumería.
Cuando el geranio llegó a la perfumería
Durante siglos, los pelargonios fueron apreciados principalmente como plantas ornamentales. Pero algunas de aquellas especies tenían una característica que las hacía especialmente interesantes: sus hojas contenían un aceite esencial de aroma extraordinariamente parecido al de la rosa.

La diferencia estaba en que no hacía falta esperar a que florecieran para encontrar su perfume.
Al frotar sus hojas, aparecía un aroma intenso, floral y fresco. Y cuando los perfumistas comenzaron a experimentar con su destilación, descubrieron que podían obtener una materia prima aromática capaz de aportar al perfume algunas de las notas características de la rosa.
La historia comercial del aceite de geranio comenzó en Francia. Las primeras pruebas de destilación de geranio rosado se realizaron en Lyon en 1819, y en 1844 se estableció la primera plantación comercial en Grasse, la ciudad que acabaría convirtiéndose en uno de los grandes centros de la perfumería europea.
No era una casualidad que despertara el interés de los perfumistas.
El aceite de rosa era, y sigue siendo, una materia prima especialmente valiosa. El aceite de geranio podía aportar un perfil aromático cercano al de la rosa y, por eso, comenzó a utilizarse como materia prima complementaria y alternativa en perfumería. La investigación sobre sus aceites muestra que compuestos como el geraniol y el citronelol son protagonistas importantes de ese característico aroma rosado.
Pero el éxito del geranio no se quedó en Francia.
A partir de mediados del siglo XIX, su cultivo para obtener aceite comenzó a desplazarse hacia otros territorios. Argelia empezó a producirlo en 1847, y posteriormente la producción adquirió una enorme importancia en la isla de Reunión, donde se desarrolló el conocido perfil Bourbon.
Y aquí aparece algo que nos interesa especialmente para nuestra historia.
Porque el aceite de geranio que conocemos hoy no procede de una única planta ni tiene siempre la misma composición. Por eso, aunque todos reciben el nombre de “aceite esencial de geranio”, no todos son exactamente iguales. Existen diferentes perfiles comerciales, entre ellos Bourbon, China y Egipto, cuya composición puede variar según el origen y las características de la planta.
Así, aquel antiguo pelargonio sudafricano terminó dando lugar a una auténtica familia de aceites.
Y uno de esos caminos nos lleva hasta Egipto.
Ahí es donde comienza la historia del geranio que nos interesa especialmente: el Geranio de Egipto, el aceite esencial de Pelargonium que encontramos hoy en la gama de Vivasan.
Y para entender qué tiene de particular, primero tenemos que viajar hasta los campos de cultivo egipcios.
El camino hasta Egipto
Mientras la producción de geranio se extendía por diferentes regiones del mundo, Egipto fue adquiriendo un papel cada vez más importante en el mercado del aceite esencial.
El cultivo encontró allí unas condiciones adecuadas para desarrollarse y, con el tiempo, el Pelargonium destinado a la producción de aceite pasó a formar parte de la agricultura de plantas aromáticas del país. Actualmente se cultiva comercialmente, entre otras zonas, en las regiones de Beni Suef y Fayoum, y existen estudios recientes realizados directamente sobre cultivos egipcios de Pelargonium graveolens.
El geranio egipcio presenta una composición característica en la que destacan, entre otros componentes, el citronelol y el geraniol, dos moléculas estrechamente relacionadas con el perfil floral y rosado que ha hecho famoso al aceite de geranio.
Pero hay algo especialmente interesante:
no existe un único “aceite de geranio” químicamente idéntico en todo el mundo.
El lugar donde crece la planta, el cultivo utilizado, las condiciones ambientales y hasta el momento de la cosecha pueden modificar la composición del aceite. Por eso los aceites procedentes de Egipto, China o la isla de Reunión pueden compartir la misma familia aromática y, sin embargo, presentar matices diferentes.

En análisis realizados sobre aceite de Pelargonium graveolens cultivado en Egipto se han encontrado como componentes principales citronelol y geraniol, aunque las proporciones pueden variar según el cultivo y las condiciones de producción.
Por eso, cuando hablamos de Geranio de Egipto, no estamos simplemente hablando de un geranio que crece en otro país.
Estamos hablando de un perfil de aceite determinado por su origen, su material vegetal y sus condiciones de cultivo.
Y es precisamente aquí donde nuestra historia vuelve a la planta con la que comenzamos: Pelargonium.
Porque para obtener este aceite no se destilan solamente las flores. La materia prima comercial procede principalmente de la parte aérea de la planta, especialmente hojas y tallos, donde se encuentran las estructuras que producen y almacenan sus compuestos aromáticos.
De aquellas hojas nace uno de los aromas más reconocibles de la perfumería moderna.
Y ahora sí podemos acercarnos al protagonista que dio pie a toda esta historia:
el aceite esencial de Geranio de Egipto de Vivasan.
De las hojas al aceite esencial
Cuando pensamos en un aceite esencial floral, es fácil imaginar que procede de las flores. En el caso del geranio, la historia es algo diferente.
La materia prima utilizada para obtener el aceite esencial de Pelargonium graveolens son principalmente las partes aéreas de la planta, especialmente hojas y tallos, aunque también pueden intervenir las flores. Estas partes contienen pequeñas estructuras glandulares donde se acumulan los compuestos aromáticos.
Después de la recolección, el material vegetal se somete habitualmente a destilación por arrastre de vapor. El vapor atraviesa la planta y ayuda a liberar las sustancias volátiles; posteriormente, al enfriarse, se obtiene una fracción aromática concentrada: el aceite esencial.

Y es precisamente en ese aceite donde encontramos algunos de los componentes que ayudan a explicar su característico aroma.
Entre ellos destacan el citronelol y el geraniol, aunque el aceite contiene muchos otros compuestos en cantidades menores. Su proporción no es siempre idéntica: puede variar según el origen de la planta, el material vegetal utilizado, el momento de la cosecha y las condiciones de cultivo.
En muestras de Pelargonium graveolens procedentes de Egipto se han identificado, por ejemplo, citronelol y geraniol como componentes mayoritarios, junto con otros compuestos aromáticos como 10-epi-γ-eudesmol, isomentona y linalool.
Por eso el aceite de geranio tiene algo especialmente interesante: su aroma no depende de una única molécula, sino de la combinación de numerosos componentes que, juntos, crean ese perfil floral, fresco y ligeramente rosado que lo ha hecho tan apreciado en perfumería.
Y aquí podemos hacer una pausa.
Porque después de seguir al geranio desde las montañas del sur de África hasta los jardines europeos, las perfumerías francesas y los campos de Egipto, llega el momento de conocer qué encontramos realmente dentro de un frasco de aceite esencial de Geranio de Egipto.
Un aroma que no depende de una sola molécula
Una de las curiosidades del aceite esencial de geranio es que su aroma no procede de un único componente.
Cuando los investigadores analizan el aceite mediante técnicas como la cromatografía de gases y la espectrometría de masas, encuentran una mezcla compleja de sustancias aromáticas. Entre ellas aparecen de forma destacada el citronelol y el geraniol, aunque sus proporciones pueden cambiar considerablemente según el origen y las condiciones de cultivo.
Y aquí aparece un detalle especialmente interesante.
La planta tampoco mantiene siempre exactamente la misma composición a lo largo de su desarrollo.

En estudios realizados sobre Pelargonium graveolens se ha observado que el contenido de geraniol es mayor en las hojas jóvenes, mientras que el citronelol aumenta a medida que las hojas envejecen.
Esto ayuda a entender por qué no podemos hablar de un aceite de geranio como si existiera una única composición universal.
El país donde se cultiva, la planta utilizada, las condiciones ambientales y el momento de la recolección pueden influir en el resultado final. En un estudio reciente sobre aceite procedente de Egipto, por ejemplo, se identificaron 32 compuestos, con citronelol y geraniol entre los componentes mayoritarios.
Y es precisamente esa combinación la que contribuye a crear uno de los rasgos más reconocibles del geranio: un aroma floral, fresco y con un marcado carácter rosado, razón por la que lleva tanto tiempo formando parte de la perfumería.
Pero conocer su composición no significa todavía conocer toda la historia.
Porque el aceite de geranio no se hizo famoso únicamente por cómo huele.
También terminó convirtiéndose en una materia prima muy apreciada en perfumería y cosmética.
De la perfumería a la aromaterapia
Durante mucho tiempo, el geranio fue conocido sobre todo por su papel en la perfumería. Su aroma floral, fresco y ligeramente rosado permitía aportar profundidad y matices a muchas composiciones.
Pero el interés por esta planta no terminó en el perfume.
Con el desarrollo de la aromaterapia y de la cosmética natural, el aceite esencial de geranio empezó a encontrar nuevos espacios: productos para el cuidado de la piel, preparados de masaje, cosmética corporal y composiciones aromáticas.

Y aquí aparece otra de sus particularidades.
El geranio no tiene un aroma estrictamente floral.
Tiene una personalidad mucho más compleja: puede recordar a la rosa, pero también presentar matices verdes, frescos, ligeramente herbáceos y, dependiendo de su origen y composición, incluso cítricos o especiados.
Precisamente por eso es un aceite muy utilizado en perfumería y en formulaciones cosméticas. No aporta solamente «olor a flor», sino que puede ayudar a construir una composición aromática más equilibrada y con mayor profundidad.
En aromaterapia, tradicionalmente se ha utilizado sobre todo en preparaciones destinadas al cuidado de la piel, en masajes y en mezclas aromáticas.
Y existe una razón para que el geranio aparezca con tanta frecuencia junto a otros aceites esenciales: combina especialmente bien con numerosas familias aromáticas.
Puede acompañar a aceites florales como la rosa o el ylang-ylang, pero también integrarse con cítricos, maderas, lavanda o determinados aceites herbales.
Es decir, aquel pelargonio que llegó desde el sur de África hace siglos terminó recorriendo un camino mucho más largo de lo que podría parecer.
De planta ornamental a materia prima de perfumería.
De la perfumería a la cosmética.
Y de ahí, también, a la aromaterapia.
Pero todavía nos falta una parte de la historia.
Porque una cosa es conocer el origen y la composición de un aceite esencial, y otra muy distinta es saber qué tenemos realmente entre las manos cuando abrimos un frasco de Geranio de Egipto.
¿Qué lugar ocupa hoy el Geranio de Egipto?
Después de todo este recorrido, podemos volver al pequeño frasco que ha acompañado nuestra historia.
Hoy, el Geranio de Egipto forma parte de la perfumería, la cosmética y la aromaterapia. Pero conocer su origen permite entender que detrás de ese aroma floral hay mucho más que una simple fragancia.
En aromaterapia, su aroma se utiliza habitualmente en difusión, masaje y mezclas aromáticas, siempre teniendo en cuenta que un aceite esencial es una sustancia concentrada y debe utilizarse correctamente.

También es un aceite interesante para trabajar en sinergia con otros aromas. Su perfil permite combinarlo con cítricos, lavanda, maderas y otros aceites florales.
Quizá por eso el geranio ha conseguido algo poco habitual:
llevar casi dos siglos formando parte de la perfumería y seguir teniendo un lugar en las fórmulas contemporáneas.
Un pequeño frasco con una historia muy larga
Después de todo este recorrido, resulta curioso volver a algo tan sencillo como un pequeño frasco de aceite esencial.
El nombre que aparece en la etiqueta es Geranium. Pero detrás de esa palabra hay mucho más que una planta con flores rosas.
Está la historia de los Pelargonium que viajaron desde el sur de África hasta Europa. Está la antigua confusión con los verdaderos Geranium. Está el nacimiento de su utilización en perfumería y la expansión de su cultivo hacia diferentes lugares del mundo.
Y está también Egipto, donde el Pelargonium se cultiva actualmente para la obtención de un aceite esencial especialmente ligado a la producción de geranio.
El aceite de Geranio de Egipto de Vivasan forma parte de esta historia. Su materia prima pertenece a esa tradición de aceites de geranio cuyo aroma se caracteriza por sus notas florales, frescas y rosadas.
No hace falta convertirlo en una lista interminable de propiedades para entender por qué sigue siendo tan interesante.
A veces basta con recordar de dónde viene.
De una planta africana que durante siglos fue llamada geranio aunque botánicamente era un pelargonio.

De unas hojas aromáticas que terminaron conquistando a los perfumistas.
Y de una planta que, mucho tiempo después, continúa ofreciéndonos uno de los aromas más reconocibles de la perfumería y la aromaterapia.
Quizá la próxima vez que abramos un frasco de aceite esencial de geranio lo percibamos de otra manera.
Porque ahora sabemos que, detrás de ese aroma floral, hay una historia que comenzó mucho antes de que el aceite llegara a nuestras manos.
Fuentes y bibliografía
Para elaborar este artículo hemos contrastado información botánica, histórica y científica sobre el género Pelargonium y su aceite esencial.
- Royal Botanic Gardens, Kew – Plants of the World Online. Información taxonómica de Pelargonium graveolens, distribución natural y sinonimia botánica.
- South African National Biodiversity Institute (SANBI). Historia de la clasificación de Geranium y Pelargonium y de la confusión que todavía permanece en el nombre común «geranio».
- PubMed – Studies on essential oil from rose-scented geranium, Pelargonium graveolens. Investigación sobre la composición del aceite esencial y la evolución de geraniol y citronelol durante el desarrollo de las hojas.
- PubMed – Chemical composition and biological activities of polar extracts and essential oil of rose-scented geranium. Análisis de la composición química del aceite obtenido de las partes aéreas de Pelargonium graveolens.
- Scientific Reports (2024). Estudio sobre especies de Pelargonium cultivadas en Egipto y su utilización para la obtención de aceites esenciales destinados, entre otros usos, a la industria del perfume.
- Gildemeister, E. & Hoffmann, F. – The Volatile Oils.
Obra histórica citada en la literatura especializada como fuente de los primeros ensayos de destilación en Lyon (1819) y la primera plantación de Grasse (1844).
Con Cariño.
Marisa Gómez
Aroma Hispana